Intermediación en el sonido

por Xabier Erquizia

En su aportación al libro colectivo SITE OF SOUND (Errant bodies, 1999), el artista sonoro estadounidense Loren Chasse, habla de su percepción del elemento sonoro como intermediario directo de sus acciones. Chasse defiende, lo que el llama la "intermediación" entre objetos como la base de su proceso creativo, pero también como generador universal de sonido. En este sentido son los objetos, sean de la naturaleza que sean, los que al entrar en contacto entre ellos generan sonido y por consiguiente dotan de gran valor a los elementos intermediarios, muchas veces invisibles para nosotros, que hacen posible dicho fenómeno.

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"pequeños espacios, minúsculas cavidades que guardan interesantes sonidos secretos" - Loren Chasse

Podríamos decir que el suyo es un acto de economía del sonido y de las herramientas, desde el momento en el que se dispone a trabajar con elementos sonoros naturales (piedras, madera...) intentando buscar sonidos relativamente conocidos para nuestros oídos, pero que generalmente resultan ignorados o pasan desapercibidos.

Por consiguiente, la belleza de su obra habita en gran parte no sólo en el ámbito estrictamente sonoro, sino en la investigación y en la búsqueda de estos sonidos y objetos que ya existen e incluso conviven entre ellos en la naturaleza.

Pero de la misma manera que trabaja ese diálogo o lo que él define como intermediación entre objetos, también propone un contacto entre los objetos y el sujeto, la persona. Antepone su subjetividad, su personalidad, su búsqueda, a la simple puesta en práctica de los métodos de producción utilizados actualmente en la música contemporánea.
Y aunque, a primera vista el ejercicio que propone Chasse puede parecer inofensivo e incluso evidente, ya que son muchos los artistas que han trabajado bajo similares premisas durante los últimos años, creo que cobra especial interés en el marco actual en el que vivimos.

Los cambios que hemos visto suceder durante las últimas décadas, nos han llevado a una situación inédita desde el punto de vista sonoro.

El sonido, no sólo como música, parece gozar de un interés que hasta ahora no ha tenido. El arte sonoro, por ejemplo, disciplina casi olvidada durante muchas décadas, ha entrado definitivamente en los museos y centros artísticos y las producciones de música experimental o investigación sonora crecen espectacularmente cada día. Por supuesto la carrera tecnológica ha tenido mucho que ver en este proceso, ya que ha redimensionado las posibilidades de la creación musical.

De una manera o de otra, el sonido está más presente en nuestras vidas cotidianas, hasta tal punto que cada día, la mayoría de veces sin darnos cuenta, vivimos situaciones sonoras desconocidas e inéditas. Dicho de otro modo, el mundo nunca ha conocido ni tanto ruido, ni tal cantidad de sonido, y esto indudablemente cambia constantemente el paisaje en el que vivimos, y por consiguiente nuestra percepción del mismo. Y es ahí, donde reside la importancia de la intermediación del artista que propone Chasse.

"Estamos ’buscando’ sonidos y respuestas asociadas a ellos en vez de crearlos desde el pensamiento, prepararlos y producirlos. Esta búsqueda se lleva acabo en el marco del sonido y el mismo músico está en el corazón del experimento’. Eddie Prévost

Ante esta nueva situación sonora, varias son las respuestas o las reacciones que estamos viendo suceder.

Por su parte, la hasta ahora omnipotente industria musical, consciente del gran poder comunicativo del sonido y de la música, ha sabido manejar y manipular hábilmente la atención del gran público del cual se alimenta, siempre siguiendo las consignas del consumismo más puro. Manipulación ésta, que no es sólo sufrida por los consumidores de soportes de sonido o de vídeo, ya que es aplicada de la misma manera en el uso creativo y en las herramientas actuales para la producción musical.

Seguramente, una de las mayores aportaciones, por no decir la mayor, que han traído estas nuevas herramientas digitales respecto al creador, es la de superar la acción física de tocar un instrumento y poder trabajar el sonido de un modo más conceptual. Esto, indudablemente supone anteponer el proceso de pensar al de tocar, por tanto antepone el artista al medio.

En ese sentido, y ante el temor de saturar el mercado de propuestas musicales independientes en todos los sentidos, las grandes compañías han condicionado la evolución de estos instrumentos electrónicos y han creado herramientas relativamente limitadas.

Por tanto, entendemos que la industria manipula ambos parámetros por igual, el del consumidor-oyente y el del usuario de los instrumentos (como bien se ha demostrado en el binomio audio-cd / cd-r ). Ha establecido unos cánones de uso para estas máquinas condenando al usuario a trabajar bajo las condiciones y licencias de software limitado y claramente dirigido al uso único y previsible de éste. La industria, consciente de las ventajas de estas nuevas herramientas digitales, ha sabido engañar otra vez al usuario y le ha privado de estas virtudes, evitando ese diálogo inteligente comentado anteriormente, en favor de la automatización y la homogeneización. Tanto, que a día de hoy la aportación personal de cada creador queda relegada a un segundo plano.

La manipulación del usuario es tan grande que hoy podemos observar y confirmar tranquilamente que, en la práctica, resulta mas fácil para cualquier niño realizar una pieza sonora experimental que un cuadro o un dibujo a lápiz. Simplemente, tiene que pensar menos.

Y aunque la diferencia entre una herramienta y la otra es todavía palpable, sobre todo técnicamente, debemos recordar que ya conocemos las primeras generaciones digitales, y que por tanto pronto seremos testigos de una sociedad totalmente digital.

Por consiguiente somos testigos de una realidad en la que, en muchos casos, las estéticas o estándares musicales propuestos por los fabricantes de herramientas sobrepasan y pisan las aportaciones personales, el trabajo o todo el concepto que ha llevado al ser humano a desarrollar la música.

Pero si aceptamos que eso es así, ¿cuál es la relación que mantenemos respecto a las herramientas?, ¿dónde está el secreto que hace personal cada trabajo?

Seguramente se encuentra en esa intermediación de la que hablábamos al principio, en el diálogo libre entre las herramientas, el sujeto que las utiliza y el resultado final; en toda la experiencia y el background sociocultural que rodea al creador, en esa curiosidad innata que empuja a dibujar al niño.

Las herramientas aparecen y desaparecen constantemente, pero son las ideas las que perduran y las que nos hacen crecer y evolucionar.

Deberíamos ser más conscientes de las ventajas y las desventajas que nos ofrecen los avances tecnológicos, en vez de seguir sus consignas ciegamente. Deberíamos trabajar más la relación que mantenemos con las herramientas. Deberíamos preguntarnos más a menudo por qué hacemos lo que hacemos.

Quizás la respuesta esté en la búsqueda de esas minúsculas cavidades que pregona Chasse, o en la experiencia experimental que reivindica Prévost.
Por tanto, seamos más personas y menos máquinas. Intentemos buscar cada uno nuestra pequeña resonancia. Dibujemos sonido.

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