La negritud de la electrónica contemporánea

por Fede Guerrero

Pese a que no lo pueda parecer a primera vista, la mayor parte de la música electrónica que hoy se puede escuchar tanto a nivel comercial como underground, tanto a nivel meramente hedonista como transgresoramente experimental, contiene un fuerte trasfondo de ritmos y estilos facturados por la basta y rica cultura musical negra. Y es que tradicionalmente se ha vinculado el fenómeno de la electrónica a un público y un sector cultural eminentemente occidental y "blanco", centrado sobre todo en Europa.

Aunque esto sea cierto en parte (tanto a nivel de consumo como producción), la verdad es que la evolución de la música electrónica y su diversificación en diferentes géneros y estilos no hubiese sido posible sin la intervención de variantes como el hip hop, el dub, el jazz, el reggae o el funk. A continuación intentaré mostrar los vínculos que se establecen entre estos géneros primigenios y las últimas tendencias en música electrónica: una influencia de los ritmos negros sobre la música popular contemporánea (tanto electrónica como pop) que los Parliament ya avanzaron cuando cantaban aquello de "toca esta música funky, muchachito blanco"...

hip hop

Quizás de los últimos géneros clásicos de la música negra en aparecer (principios de los 80) y de los que más influencia han ejercido en la música electrónica. Empezando el repaso cronológicamente, el primer fenómeno de mezcla de electrónica y ritmos negros procedentes del hip hop es el trip hop: aquel género apaisado, con lugar y fecha de nacimiento poco antes de mediados de los noventa en la británica y portuaria ciudad de Bristol y que contó con grandes estrellas mediáticas como Massive Attack, Portishead y Tricky (combinando soul, jazz y dub sobre las bases de unos ritmos pesados de hip hop). Dentro del trip hop también existía una escuela más underground y con profundas raíces en la música creada con las "ruedas de acero" (lo que los anglosajones llaman en jerga "steels of wheels", haciendo referencia a los tocadiscos con los que los DJs de hip hop fabrican sus ritmos): nos referimos a gente como el japonés DJ Krush o el californiano DJ Shadow, ambos estandartes de lo que se vino a llamar "Ciencia Musical Abstracta" (capitaneada por el sello británico Mo’Wax, propiedad de James Lavelle) o la vertiente más experimental y minimal del trip hop.

Casi a la par de la aparición del trip hop y también con las Islas Británicas como seminal epicentro (Londres, para ser más exactos), los ritmos del hip hop conocieron una aceleración en su tempo que llevaría a la creación del breakbeat: mezcla del veloz happy hardcore (lo que aquí conocimos como makina), unos rápidos ritmos entrecortados y unas aportaciones vocales procedentes del toasting raggamufin. Un conjunto explosivo que conseguía hermanar la blanca, centroeuropea y fría tradición de la música industrial y la EBM (Electronic Body Music) con la cálida pulsión rítmica de los emigrantes afroeuropeos. Gente como Grooverider, Shut Up And Dance, Shy FX o un primerizo LTJ Bukem fueron los pioneros en encender una espoleta cuya explosión daría como resultado la creación de toda una rama estilística que gira entorno al entrecortado ritmo negro y los bajos estratosféricos, y de la que han surgido fenómenos como:

- el jungle (breakbeats acelerados, bajos zumbones y aportaciones vocales del ragga);
- el drum’n’bass (vertiente más experimental y menos física y agresiva que el jungle, jugando con elementos ambientales y con cierto halo de abstracción; género convertido en si mismo en todo un mundo con vertientes más duras, electrónicas y oscuras como el techstep, el hardstep o el trepanante drill’n’bass, lo más parecido a una Black & Decker escacharrada y acoplada a un sound system);
- el two step (actualización del fracasado fenómeno speed garage y que se caracteriza por su ritmo sincopado y sus aportaciones vocales procedentes del rhythm’n’blues más contemporáneo, dirigido hacia la pista de baile y con gente como MJ Cole, Artful Dodger, el colectivo So Solid Crew, el dúo londinense Oxide and Neutrino, la vocalista Ms. Dynamite o la joven y blanca revelación de la pasada temporada The Streets),
- o el nu skool breakz (un totum revolutum estilístico en el que se dan la mano a nivel rítmico el breakbeat y el electro, aportando bajos amenazadores procedentes del Miami bass, el techno bass o el jungle, con artistas como Freq Nasty y Adam Freeland como punta de lanza del fenómeno, junto a sellos como Marine Research, Distinctive Breaks, Coast editora de los diversos volúmenes de los seminales recopilatorios "Coastal Breaks"- o Botchit & Scarper idem. con sus "Botchit Breaks").

Alejándose de las pistas de baile, pero sin perder su contexto electrónico experimental, el hip hop también ha propiciado la aparición de dos fenómenos (esta vez eminentemente norteamericanos, saltando al otro lado del charco) como el illbient y el breakcore, ambos con denominación de origen en ese crisol de culturas que es Nueva York. El primero surgió hacia finales de los noventa como una derivación comatosa, infecciosa y urbana del hip hop, en el que los samplers extraídos de los sonidos de la calle (adaptando un modus operandi próximo a la música concreta) se mezclaban con unos ritmos pesados, unas líneas de bajo oscuras, abstracción callejera y un minimalismo conseguido a base de repeticiones cíclicas, en el que lo más importante era conseguir una textura sonora determinada por encima de cualquier otro viso de tangibilidad rítmica. El gran gurú del illbient ha sido DJ Spooky, junto al extinto trío We, un primerizo Rob Swift (miembro del equipo de DJs X-Ecutioners) y un clásico de la nueva escena hip hop como Prince Paul, con publicaciones en sellos de la talla de Asphodel y Wordsound.

Por su parte, el breakcore ha compartido con el illbient ese espíritu abierto heredado del punk como es el "Do-It-Yourself" (háztelo-tú-mismo), pero adoptando una filosofía (musical y política) más agresiva, en el que cuanto más veloces, más fuertes y más sucios sean los breaks, mucho mejor se divulga el mensaje. Como reza el manifiesto del sello Broklyn Beats (cuna y Biblia del género), "...(Broklyn Beats) fue creado bajo el espíritu de nuestro pasado punk-rock del "Háztelo-Tú-Mismo", aunque abrazando la tecnología moderna como instrumento de crítica política. Esto es Broklyn, una pequeña (aunque creciente) facción de individuos que usa su arte y sus habilidades para expresar visiones disidentes: squatters, "free party people", ecologistas radicales, "black blocks" y los diversos artistas que hacen de la cultura de la protesta un medio para la expresión creativa. Intentamos descubrir nuevos métodos que vayan más allá de la agresión, el predicamento y el escapismo. La tecnología ha de ser utilizada de forma más beneficiosa que la de su propia destrucción" (www.broklynbeats.com). Artistas como Doormouse, I-Sound, DJ Scud o Hellfish & Producer son los encargados de convertir semejante discurso de agresividad transformadora y positiva en todo un estruendo musical.

Finalmente, el apartado de la influencia del hip hop en las diversas tendencias electrónicas contemporáneas se cierra con el glitch-hop o click hop: un estilo que toma nombre del recopilatorio doble "Electric Ladyland Clickhop Version 1.0" editado por el sello alemán Mille Plateaux, y en el que el género callejero por antonomasia se mezcla con diversos elementos de polución sonora y errores digitales procedentes del género de los clicks & cuts. Rimas sobre clicks y glitches irregulares por parte de gente como Antipop Consortium, Beans (miembro de los recientemente finiquitados Consortium, que se ha estrenado en solitario en el sello Warp con el excelente disco "Tomorrow Right Now"), Prefuse 73, el último disco del rapper británico Roots Manuva, Gold Chains, Push Button Objects o recopilatorios como "Instrumentals (Staedtizism 3)" publicado en scape, el sello de Stefan Betke (Pole), en el que gente procedente del ámbito del neodub ambiental y la electrónica experimental se aventuran a practicar el consabido ritmo urbano.

dub

El otro gran género negro que más ha influenciado (¿quizás el que más?) la electrónica de nuestros días es aquella derivación instrumental del reggae que se basa en el vertebrador uso del bajo y de diversos efectos como delays, reverbs y echos. Hablamos del dub: sinuoso, profundo, bajo en pulsaciones, cósmico, elegante. De hecho, hoy en día apenas encontramos un disco electrónico (ambient, downtempo, techno, drum’n’bass...) en el que no haya una presencia más o menos atenuada de la influencia del dub:

- el electro-dub facturado a partir de mediados de los años 80 por artistas como Black Star Liner, Gary Clail o Mark Stewart a través del sello de Bristol On-U Sound (propiedad de Adrian Sherwood), en el que la herencia del reggae y el dub propias de la populosa comunidad afrocaribeña de la anteriormente citada ciudad británica se mezclaba con el punk, la música industrial o el funk procedentes de la aún emergente escena musical independiente británica de baile de la época (los diversos volúmenes de los recopilatorios "Pay It All Back" son un buen botón de muestra);
- el modern urban dub o neodub, encabezado por el alemán Pole y todos aquellos artistas que han pasado por su sello scape como Kit Clayton, Jan Jelinek, Burnt Friedman and the Nu Dub Players o Andrew Pekler (muchos de ellos recogidos en los indispensables recopilatorios "Staedtizism"), en los que el dub experimenta su vertiente más minimal, cíclica y ambiental, mezclándose con elementos de los clicks & cuts, en una suerte de muzak que fácilmente puede sustituir al denostado y devaluado fenómeno del chill out;
- el techno dub, identificado también por la marca de fábrica Maurizio/Basic Channel/Chain Reaction: los tres sellos que los berlineses Mauritz Von Oswald y Mark Ernestus (conocidos bajo el proyecto Maurizio) crearon durante la primera mitad de los años noventa y en los que la tradición melódica y cósmica detroitiana se daba la mano con el minimalismo, convirtiéndose en uno de los paradigmas del techno apto tanto para las pistas de baile más selectas e "inteligentes" como para los dormitorios más reflexivos e intelectualmente profundos .

jazz

Clásico ejemplo de estilo musical eminentemente negro que rápidamente triunfó entre el público blanco, el jazz no ha escapado de esa vorágine retrofuturista que últimamente alimenta la escena de la música electrónica y que es producto de la constante necesidad de innovación de dicho género: debido a que la demanda de novedades por parte del público supera a la oferta artística, es obligado echar la vista atrás para poder generar nuevos híbridos musicales y saciar la sed de un público ávido de nuevas sensaciones.

Un primer flirteo del jazz con las nuevas tecnologías se produjo a finales de los años ochenta en el Reino Unido, cuando Gilles Peterson y Eddie Piller se dedicaban a mezclar desde sus platos el jazz con el funk y orgánicos ritmos bailables: se creaba el acid jazz, capitaneado por dos sellos como el homónimo Acid Jazz (madre del cordero y en el que Peterson y Piller trabajaban codo con codo) y Talkin’ Loud (creado por Peterson cuando decidió no compartir con Piller un proyecto editorial que artísticamente empezaba a hacer aguas). Obviables productos del acid jazz fueron bandas como Jamiroquai, The Brand New Heavies, Mother Earth o Galliano.

Tras el rápido ascenso y caída del acid jazz demostrando que la calidad artística del género y su elemento novedoso eran inversamente proporcionales a la atención mediática que despertó entre la prensa y los fashion victims-, la fusión de jazz y electrónica ha conocido dos vertientes: por un lado la del nu-jazz y por otro la del techno-jazz.

El nu-jazz puede considerarse un remedo alemán del defenestrado acid jazz británico: sellos como Compost y JCR han intentado recuperar el espíritu retro elegante del acid jazz y ponerlo a disposición del house, el funk, los brazillian beats y el lounge a través de los diversos volúmenes de recopilatorios como "Glücklich" o "The Future Sounds of Jazz", en el que se da cabida a bandas como Jazzanova, Rainer Trüby Trio, Minus 8 o Les Gammas. Para muchos, el nu-jazz no significa más que una revisitación del acid jazz, heredando todos los pros (pocos) y los contras (muchos) de los que se caracterizaba el género británico: pocas novedades y demasiada reiteración; sonidos inofensivos y agradables para una modernidad chic alejada de los sonidos rotundos o extremos de la pista de baile y que busca un estilo musical exótico con el que identificarse y desmarcarse de la masa, pero sin que dicho exotismo represente una ruptura con sus raíces y coordenadas culturales occidentales. En otras palabras, todo un placebo musical.

Por otro lado, el legado libre y cósmico del jazz que se encontraba presente en las primeras referencias del techno de Detroit se ha visto últimamente recuperado y potenciado gracias a la labor de artistas como Kirk DeGiorgio (As One), Carl Craig (Innerzone Orchestra), Anthony "Shake" Shakir, Moodymann o los Galaxy II Galaxy. Craig podría considerarse todo un paradigma del techno jazz, ya que en su disco "Programmed" ofrece su particular homenaje a la herencia de un grande del jazz cósmico como era Sun Ra o al valiosísimo trabajo de un visionario del jazz contemporáneo como Herbie Hancock, gracias a la aparición de largos temas instrumentales que se van desarrollando de forma improvisada con profusión de sintetizadores analógicos.

reggae

La característica cadencia rítmica del reggae pausada, elíptica, sinuosa- ha encontrado aposento en ese cajón de sastre conocido como downtempo: un género en el que se dan la mano todos aquellos estilos que tengan en común un tempo rítmico bajo, con la vista puesta más en el sofá o el chill-out que no en la pista de baile. El downtempo es campo abonado para toda una serie de artistas preferentemente centroeuropeos (vieneses, para más señas) como Kruder & Dorfmeister (su doble CD "The K&D Sessions" está considerado como una Biblia del género, recopilando las remezclas que han realizado para diversos artistas), Shantel, Sofa Surfers, los británicos Fila Brazillia, Zero 7, Bent y Lemon Jelly o los norteamericanos Thievery Corporation (la respuesta yanki a K&D). La alta permeabilidad estilística de este género (como ya he mencionado anteriormente, todo vale mientras sea bajo de revoluciones) hace que continuamente se solape con otros géneros de idéntico modus operandi como el trip hop o el ambient. Por otra parte, esa excesiva amplitud de miras del downtempo juega en su propio detrimento, con una excesiva producción de artistas y recopilatorios de corte mediocre que se escudan en el hype o la moda del género entre gran parte de la parroquia juvenil chic (fenómeno parecido o paralelo al que ocurre con el nu-jazz).

funk

Si un género musical negro ha impactado tanto en intensidad como en aspersión o alcance al mundo de la música electrónica este ha sido el funk. Y es que la conjunción del ritmo fresco y el descaro de dicho género (lo que los anglosajones llaman "groove") con los fríos sonidos electrónicos procedentes del primigenio tecno-pop y synth-pop europeo de finales de los setenta y principios de los ochenta ha dado pie a la creación de dos géneros seminales dentro de la música electrónica contemporánea como son el techno de Detroit y el electro. Derrick May uno de los padrinos del techno y miembro de la Santísima Trinidad del género junto a Juan Atkins y Kevin Saunderson- definió de forma bastante gráfica este sincretismo musical cuando dijo que "el techno es como si George Clinton y Kraftwerk se quedaran encerrados en un ascensor con la única compañía de un secuenciador". De esta forma, el techno combina la calidez del funk con la fría pulsión rítmica del techno centroeuropeo.

Si Nueva York era la cuna del rap, la capital del lago Michigan era la del techno: dos formas musicales distintas con las que la juventud afroamericana afrontaba los problemas sociales y económicos que sufrían en sus respectivas ciudades. Durante los años ochenta, Detroit -antigua capital automovilística norteamericana y conocida popularmente como la "Motor City"- sufrió una fuerte crisis económica como consecuencia de la crisis experimentada por la industria del motor. Una frustración que los jóvenes canalizaban a través de la música como vía de escape a sus problemas cuotidianos y que el colectivo Underground Resistance condensó en una sola frase convertida en todo un leit motiv del género y del fenómeno social: "No Hope, No Dreams, No Love, My Only Escape Is Underground". La importancia del fenómeno del techno en Detroit ha sido tal que incluso el Museo Histórico de Detroit inauguró el pasado 18 de enero de 2003 una exposición que gira en torno a dicho género electrónico y que lleva por título "Techno: Detroit’s Gift to the World" (más información en www.detroithistorical.org.)

El inicio del Detroit Techno se fecha en 1981 y su paternidad se le confiere al single "Alleys Of Your Mind" publicado por el proyecto Cybotron (Juan Atkins y Richard Davies). Pero el primer álbum recopilatorio que da a conocer el fenómeno a nivel mundial es "Techno!. The New Dance Sound of Detroit", publicado en 1988.

Pese a que la historia y evolución del Detroit Techno ya es conocida y ha sido inventariada y narrada por diversos autores (os remito a la bibliografía de consulta que se encuentra al final de este artículo), sólo cabe comentar que el género ha conocido tres oleadas de autores y músicos: la primera llevada a cabo por los ya citados Juan Atkins, Derrick May y Kevin Saunderson los padrinos de todo esto y conocidos como los "Belleville Three" con motivo de que los tres eran compañeros en el mismo instituto, responsables de sellos como Metroplex, Transmat y KMS-; la segunda está protagonizada por Carl Craig, Stacey Pullen, Alan Oldham, Claude Young, el colectivo Underground Resistance, Drexciya, Jeff Mills y Plastikman, entre muchos otros una oleada expansiva en la que se profundiza en el género a través de su fusión con el jazz, el electro y el minimalismo, respectivamente-; y finalmente una tercera con Terrence Parker, Theo Parrish y Kenny Dixon Jr. en la que el techno se funde con el house y el soul.

Estrechamente imbricado con el techno de Detroit se encuentra el electro: un género que también se caracteriza por combinar el toque cálido y el "groove" del funk con las sonoridades robóticas de la electrónica. Pese a que existe un debate abierto al respecto de cual apareció primero y dio pie a la existencia del otro, se considera que cronológicamente el electro fue previo al techno. Su aparición geográfica se ubica en el Nueva York de principios de los ochenta, en el que un rústico hip hop se mezclaba con la música disco. La canción que da el pistoletazo de salida al género en 1982 es el "Planet Rock" de Afrika Bambaata and the Soul Sonic Force y producido por Arthur Baker, en la que Bambaata rapea sobre una fría base electrónica y un sampler del tema "Trans Europe Express" de los alemanes Kraftwerk. El electro constará de una fórmula tan sencilla como lo son los característicos y sintéticos patrones rítmicos creados por la caja de ritmos Roland TR-808 y unas voces filtradas a través del vocoder un aparato que permite conferir a la voz un tono robótico ecualizándola a través de un sintetizador-: un resultado final que cuaja muy bien con toda una iconografía creada en torno a la ciencia ficción más naïf y que contaba con su propia coreografía: el breakdance. Junto a Bambaata, los primeros en sembrar la semilla del electro desde Nueva York fueron artistas como Mantronix o Man Parrish.

Pero pronto el electro dejó la Gran Manzana para trasladarse a dos ciudades como Detroit y Miami. En la ciudad de Florida, el electro empezó a perder las líneas rectas y geométricas de los androides para adoptar las curvas de los pechos y las caderas de las chicas que se pasean en bikini por sus playas, dando pie al nacimiento del Miami Bass: un sub-género que dotaba de sexualidad al electro a través de toda una iconografía sexista y machista en la que los bajos ultrapotentes tenían como único objetivo hacer mover el culo de las chicas (por eso también se ha conocido al fenómeno como Booty Bass). Las fiestas eran tan itinerantes como los jeeps descapotables dotados con sound systems que escupían rimas y bajos a mansalva. Grandes padrinos del Miami Bass han sido 2 Live Crew, Gucci Crew, Maggotron, Gigolo Tony o Dynamix II.

En la ciudad del Motor, la imaginería de ciencia ficción que rodeaba al electro cuajó a la perfección con el recién creado techno: así, tal y como hemos visto en la segunda oleada del techno de Detroit, artistas como Aux 88, Drexciya, Dopplereffekt o DJ Di’jital y otras huestes del sello Direct Beat han aplicado el libro de estilo del electro al techno, mezclando los ritmos sintéticos con historias de civilizaciones extraterrestres afroamericanas, creando el llamado Techno Bass.

Finalmente, de la mezcla del Miami Bass y el Techno Bass ha aparecido un nuevo tipo de electro conocido como Guettotech o accelerated funk: un estilo urbano y "quinqui" donde los haya, en el que los bajos subsónicos se entremezclan con ritmos de endiablada velocidad (deudores del jungle) y motivos "líricos" en el que aparecen sin ningún tipo de reparo armas de fuego, coches de gran cilindrada, furcias, culos, drogas, etc. Es el techno del guetto, el de aquellos que no tienen tiempo ni capacidad para elaborar disquisiciones teóricas al respecto del techno: el de aquellos que se limitan a ejecutarlo, y cuanto más rápido y más sucio, mejor. Paladines del guettotech son DJ Assault, DJ Funk, Detroit Grand Pubahs o DJ Magic Mike: los cicerones ideales para poder tomarle el pulso actual a lo que se cuece y se oye en los suburbios de Detroit.