La solidaridad, un valor clave para la transformación de nuestro mundo

por Juan Jiménez Heredero

Esa actitud prepotente e injusta de los "amos" del mundo (360 personas acumulan tanta riqueza como la mitad de la población mundial), que obedece a la lógica cínica de que el progreso es imparable aunque tiene sus riesgos y de que el mercado tal como lo entienden ellos es la manera menos mala de organizar la convivencia ciudadana, está provocando poco a poco, la destrucción de los bosques, la polución del aire, la contaminación de las aguas, la desaparición de especies animales, la esquilmación de las riquezas naturales, y el sufrimiento de grandes grupos humanos, de pueblos y naciones enteras.

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El desastre que está provocando el Prestige en las costas gallegas y adyacentes, no es el primer vertido que ensucia y destruye la riqueza marina mundial. Ni es el primer problema que padecen quienes viven de esa riqueza. El prestigio del sistema económico neoliberal, que mantienen a toda costa los "amos" del mundo, es el causante de que se extienda por todo el mundo esa gran mancha negra de la pobreza, la guerra, el hambre, el sida, el paro y el analfabetismo.

Ahí están los datos para corroborarlo:

- El interés de la deuda que pagan los países del llamado Tercer Mundo a los países industrializados es más del doble de la ayuda que reciben.
- 250 millones de niños son explotados laboralmente.
- 1 de cada 10 familias en EE.UU. pasa hambre.
- 30.000 niños y niñas mueren al día por hambre y enfermedades evitables.
- En España existen 8 millones de pobres.
- Hay 100 millones de minas antipersonas en 68 países que matan a 26.000 seres humanos por año.
- Los gastos de defensa de la comunidad internacional son de 780.000 millones de dólares al año (para acabar con el analfabetismo en el planeta solamente son necesarios 7.000 millones en 10 años).

Y lo que es peor aun, esa mancha negra nos ciega para tomar conciencia de lo que pasa, hasta tal punto que nos impide comprender que sin nuestra colaboración esa destrucción no sería posible.

Frente a tanta barbarie es urgente que pongamos en marcha las actitudes y los mecanismos de la solidaridad organizada y permanente, única posibilidad de transformar nuestro mundo. Ya es hora de comprometernos a superar las formas de individualismo cegato en las que estamos anclados, de superar la ética individualista, que profesamos, para entregarnos con fuerza a la tarea de construir el conjunto de condiciones de vida social que haga posible que todas y cada unas de las personas podamos realizarnos plenamente como exige nuestra dignidad humana.

Y no estamos hablando solo desde la utopía. Los miles de jóvenes voluntarios que acuden a Galicia están limpiando sus costas y muchas de ONGs de todo el mundo están trabajando codo con codo con los empobrecidos de la tierra. Pero no es suficiente.

La solidaridad no puede ni debe reducirse a una acción puntual, ni puede ser confundida con un vago sentimiento de compasión o de enternecimiento por los padecimiento de tantas personas. La solidaridad no puede ser solo cosa de unas pocas personas.

Para que sea efectiva en su deseo de instaurar en este mundo la justicia, para que de verdad nos salve a todos del desastre en que nos han metido los "amos" del mundo y nuestra propia ceguera personal, ha de ser una actitud permanente que comporte:

a) Conocer las raíces políticas y económicas que dan origen al empobrecimiento de tantos millones de personas en todo el mundo.
b) Conocer las consecuencias humanas, políticas y sociales que ocasionan.
c) Buscar soluciones y luchar organizadamente por ellas desde donde estemos situados en el conjunto de las relaciones sociales hoy establecidas.

El Foro Social Mundial y sus concreciones en cada uno de los continentes y países ha recomenzado esta tarea de la solidaridad organizada a niveles planetarios. Hora es ya de que nos pongamos manos a la obra porque otro mundo es posible y necesario.

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