Diario del taller/encuentro zemos98_6

por Jessica Romero

Desde ese momento, el espacio físico en el que alrededor de 30 personas nos encontrábamos se convirtió en un espacio teórico y de reflexión en el que ideas, dudas y experiencias individuales de unos y otros comenzaron a bullir.

Muchas son las limitaciones que existen en el momento de llevar a cabo la realización de un corto o videocreación. Limitaciones no sólo de índole económica sino de distribución y difusión de los proyectos. María Rubín [responsable del Departamento de Cortometrajes de Canal+] comentaba que en España se producen anualmente alrededor de 140 cortos con copias en 35 mm, lo que no parece plantear ninguna problemática en la fase de producción de las obras audiovisuales . Sin embargo, el quid del problema no reside actualmente en la producción de material de forma abundante, debido a la incipiente democratización de los medios técnicos conseguida por el uso del formato digital que abarata los costes de producción y realización frente al cine (hay quien auguró el fin del 35 mm dentro de 10 ó 15 años) que requiere una mayor inversión.

Al hablar de las limitaciones en la distribución y difusión de los productos audiovisuales se hacía referencia a éstos, las posibilidades, dependiendo de la perspectiva de unos y otros, son distintas: amplias o reducidas, independientes o comerciales, todo tiene que ver con la concepción que multinacionales y cortometrajistas tengan sobre las obras de corta duración y sobre la industria audiovisual en sí. Ante esto, muchas fueron las dudas que se plantearon: ¿qué entendemos por obras de corta duración?, ¿queremos que éstas se erijan y consoliden como un género en sí mismo?, ¿entendemos las obras de corta duración, dadas sus características, como una forma de creación experimental? ¿son el paso previo al largometraje?...Un sin fin de preguntas que me llevan a extraer dos conclusiones sujetas a la dicotomía existente entre lo comercial y lo independiente [conceptos que me parecen poco adecuados pero que utilizo porque están generalizados].

Por un lado, hay quienes creen en la naturaleza autónoma, originaria y experimental de las piezas de corta duración, considerándolo un género en sí mismo y creyendo en las posibilidades que éste, dadas sus características, ofrece dentro de los circuitos independientes. Lo cierto es que, poco a poco se ha ido formando una cultura del cortometraje, de la videocreación y del documental, en las que se muestran otras formas de hacer cine, de tratamiento de imágenes, de experimentar una y otra vez con los medios que se tienen, primando el proceso creativo sobre cualquier otra fase del proyecto. De este modo, los canales tradicionales de exhibición de este tipo de productos audiovisuales, como son los festivales, son los espacios adecuados para que el cortometraje, el videoclip, hermano del corto según Manuel J. Lombardo [profesor de Historia y Teoría del Cine en la Universidad de Sevilla], y el documental, más difícil todavía: primo del corto según Sebastián Talavera [ganador del Doc’Amateur y realizador de Dueños de Nada] se erijan y asienten como géneros en sí mismos. Sin embargo, la idea de una cultura del corto propia que ende sus raíces en los festivales se queda coja, al menos eso pudimos comprobar durante los días del encuentro, ya que muchos de los videoastas y cortometrajistas no conciben esta cultura como tal.

Estrechamente unida a esta conclusión, surgía la segunda. Si por un lado podíamos concebir los canales de exhibición tradicionales de las obras de corta duración como algo positivo, casi como un rasgo más de este género, hay quien desea y ve necesario que el cortometraje, el videoclip y el documental sean exhibidos dentro de los canales comerciales, bien sean salas de cine o televisión; En cierto modo, se convertiría ésta en otra forma de crear una cultura del corto, puesto, que al entrar en el sistema de los mass media el consumo aumentaría. Sin embargo, esto que parece beneficioso para el desarrollo del corto, ya que supondría la entrada de éste en la industria audiovisual, con todo lo que ello conllevaría, podría poner en peligro los rasgos de autonomía y experimentación, señeros de las piezas de corta duración. De este modo, entrar en los circuitos comerciales supone estar sujeto a las normas del mercado: oferta/demanda, o lo que en este caso supone, vender ideas para poder verlas nacer, producirlas.

Sin embargo, la inclusión en los circuitos comerciales no es algo que esté normalizado. En televisión muy pocos son los espacios dedicados a la exhibición de obras de corta duración, que ayuden a crear una industria del corto lo suficientemente fuerte, solo algunos programas y cadenas prestan, o prestaron en su día, atención a este tipo de formato [Calle 13, Universal, Fox, Versión Española, La noche + corta] dándole cobertura a modo de concurso y cuyos premios suelen ser ayudas a la producción de un nuevo proyecto o la garantía de difusión por distintos festivales; premios insuficientes para la normalización del consumo de cortos. De hecho, el baremo para seleccionar los proyectos que participan en estos programas es complejo, ya que en primer lugar se mira el guión, la productora y por último la trayectoria del realizador que participa en el proyecto. Como podemos apreciar, se ofrecen pocos medios para que esta industria [o llamémosla mejor cultura] tome impulso por si sola y cree su propio espacio dentro de los circuitos comerciales de forma paralela al mundo de los festivales.

No obstante, me gustaría cambiar el tono pesimista que he usado durante todo el discurso, porque lo cierto es que las tecnologías avanzan a un ritmo acelerado y desde 1997 con el desarrollo de Internet, los ordenadores gracias a los módems de alta velocidad son capaces de mostrar videos. Programas como Flash o Quicktime permiten crear y visionar películas directamente. Sin ir más lejos, Nora Barry http://www.druidmedia.com, creadora de The Bit Screen, primer sitio web para películas realizadas para Internet, y de Streaming Cinema, primer festival en USA especializado en películas realizadas para Internet, comentaba dentro del taller de Narrative Media, cómo desde el 2000 las técnicas del cinemaweb han evolucionado rápidamente. Asimismo, las repercusiones de éste en el cine futuro, darán lugar a un cine en red, que permitirá el envío de largometrajes on-line. De este modo, el usuario podrá decidir qué es lo que quiere ver, generando así la convergencia perfecta: red y televisión en uno. Internet como solución ofrece aires nuevos al cine, ya que aumenta las posibilidades y las herramientas de producción.

Técnica versus creatividad
Sin embargo, no podemos pasar por alto el debate existente entre la homogeneización y la democratización tanto temática como técnica. Para ello, tendría que remontarme a otro debate menos reciente como es el de técnica frente a teoría [aplicable a todas las disciplinas existentes en el mundo]. Nunca encontramos el equilibrio perfecto entre ambas y acabamos polarizando dicho debate. Tal vez, en estos momentos, tengamos que centrarnos más e ir a la raíz del asunto en cuestión. Manuel Lombardo, en su conferencia "Videoclip y nuevos lenguajes: la hibridación como formula creativa", exponía que vivimos en la era de la imagen, de la intertextualidad, del neoespectáculo [considerando esto como un estilo en si]... En definitiva, lo que acabó sugiriendo un nuevo debate: sensación versus narración. Esto nos lleva a una nueva reflexión en la que descubrimos que la realidad está mediada por numerosas y diversas capas de textos e imágenes. De hecho, podemos considerar al videoclip como un híbrido de lenguaje y formas que se combinan de tal forma que en ocasiones unas priman sobre otras. Durante el encuentro pudimos comprobar cómo éste se consagra como un nuevo género audiovisual, legitimado principalmente por la industria del cine, gracias al denominado videoclip de autor [Spike Jonze, Chris Cunningham, Michel Gondry, Sofia Coppola pueden encontrarse entre los más destacados]. Ante este neoespectáculo nos planteamos diversas preguntas enfocadas esencialmente a la función narrativa del videoclip: ¿tiene éste suficiente capacidad para incluir contenidos?, o por el contrario ¿son las imágenes y la música lo único que tienen cabida en el videoclip?. La polémica está servida, lo que está claro es que no podemos obviar que el videoclip se nutre en sí mismo de sus múltiples procedencias [música, interpretación, combinación de texturas...] ofreciendo a la vez una completa interrelación entre los distintos niveles, y centrándose más en la atracción visual que en la propia narrativa.

Por otro lado, somos conocedores de las amplias posibilidades que "el audiovisual" ofrece, TELE-PIÉS es el ejemplo más claro que pudimos tener, ya que muestra la dicotomía existente entre la función artística y social que han de cumplir los medios y los creadores/productores/exhibidores de cultura. TELE-PIÉS es una forma de experimentar con el mensaje, sin que por ello pierda importancia, no tiene pretensión alguna de hacer obras maestras, pero sí de dar salida a multitud de proyectos que se agolpan bajo las faldas de este nombre [productoras, videoartistas, militantes...], con el último objetivo de plantear un juego en igualdad de condiciones entre emisor y receptor, cuya fin es conseguir que los receptores logren ser emisores activos; de esta forma se consigue que la línea entre emisor y receptor sea más difusa, apostándose por la democratización/popularización de los medios.
Este proyecto, procedente del barrio madrileño de Lavapiés, dirige sus pasos hacia una experimentación comunicativa que rompa con la estructura fija a la que estamos acostumbrados, donde unos emiten y otros reciben, unos venden y otros consumen o/y en la que unos son activos y otros pasivos. Proyectos de este tipo, ponen de manifiesto la necesidad del uso colectivo de los medios y la responsabilidad individual como narradores tanto de realidades como de ficciones.

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Realidad y ficción. Buscamos formas distintas de aproximarnos o alejarnos a la realidad, bien sea en el nivel de las sensaciones o de la narración, sin embargo, somos conscientes que una historia no llega a los receptores/espectadores/consumidores de la misma forma. Joan Carles Martorell www.nochesblancas.com llevaba a cabo en el encuentro una acercamiento hacia los nuevos modelos narrativos audiovisuales, destacando el uso del multimedia el cual ofrece diversos niveles de experimentación. Tal y como éste apuntó el uso de numerosos formatos permite el desarrollo de un código propio, una significación en sí, una forma de narrar propia. El multimedia agrupa diferentes proyectos sobre un mismo producto [libros, entrevistas, documentales, teatro, pinturas...], siendo cada proyecto autónomo pero mostrando, a la vez, no sólo mayor significación sino un discurso mucho más completo y enriquecedor.

Como comenté en líneas anteriores, este encuentro/taller de cortometrajistas/videoastas tenía intención de ser un espacio de reflexión y de puesta en común de experiencias personales y conocimientos varios sobre el mundo del audiovisual. Cuatro días que dieron para repasar/crear debates y discursos que aluden tanto a las posibilidades como a las limitaciones compartidas por participantes procedentes de distintas ciudades españolas y europeas, apoyados por los trabajos de algunos de los asistentes. La cultura audiovisual está presente en el día a día, la consolidación de una cultura del corto está latente, se percibe, se huele, pero desgraciadamente no llega a palparse del todo. La solución: seguir creando.

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